jueves, 1 de abril de 2010

Mechón-novato-cachorro

Ese día, ese precioso día. Ese día que supiste que llegaría tras recibir la noticia de que quedaste en la Universidad. Me refiero a ese día en que tu mamá ya no dice "que te vaya bien en el colegio", "o te levantas o te deja el furgón". Ese día donde te cultivas de nuevos términos como "ramo", "fotocopia" "créditos" "unidades docentes" "secretaría de estudios". Sin otro particular me refiero al Primer Día de Universidad.

Para muchos un trauma, para otros un placer. Mi punto es que el primer día nunca se olvida. Aunque te cambies de Universidad, o de Carrera, el primer día es único e irrepetible.

Ese día me enteré que ya los profesores no se mueven por ti, sino que tu los sigues. No hay libro de curso, sino bibliografía y es problema de uno ver cual libro sirve y cual no.

Las clases ya no son un eterno dictado, sino una discusión abierta e interminable, donde potencialmente todas las ideas pueden ser buenas.

Las pruebas ya no son miles, sino sólo 2 (cuanto mucho 3), pero que abarcan una cantidad casi inhumana de conocimiento que, muchas veces, piensas que cuando te gradues ni recordarás.

La mochila llega vacía, pero termina pesada. Eso por las fotocopias y libros que ahora ya no se compran, sino que se piden en biblioteca con tu credencial.... en efecto, hay una credencial que te identifica como alumno. Cómo un carnet en un país extranjero del cual pasaste a formar parte.

Tu mundo social se expande, porque por cada ramo tienes muchos compañeros y en todos distintos. Hay diferencia de edades, porque no todos los que entran ese primer día vienen del colegio. Algúnos han egresado hace mucho y buscan una oportunidad. Ya no hay recreo, sino "cambio de hora" donde tienes 10 minutos para encontrar una sala distinta a la anterior y llegar a ella y acomodarte para tu siguiente clase.

Toda una experiencia el primer día en la U

El Alumno Promedio: una excepción

Parece una antítesis, pero es cierto. Cuando hablo del alumno promedio, hablo de ese alumno para el cual el sistema funciona. No es el primero del ranking de notas, pero tampoco el último. Si es niño juega football, si es niña, ve Hanna Montana. Su jornada empieza a las 8 de la mañana, y tiene a lo menos un ramo favorito y, de todas maneras, uno odiado que, por regla general, es Matemáticas (porque no se maneja con números) o Lenguaje (porque lo someten al mundo odioso de la lectura).

Puede estar sentado la hora y media que dura su bloque de estudio, escuchando atentamente a la profesora; y descanza suficiente durante los 10 (y a veces generosamente 15) minutos de recreo. Usa uniforme distintivo, tiene un cuaderno por ramo, y una letra acorde a su edad. Al llegar a su casa hace las tareas, ve televisión un rato, a lo mejor juega o se distrae con algún amigo. Toma su once, en algunos casos once-comida, en toros cena. Finalmente se va a dormir a las 10, como buen niño para dormir y almacenar durante el sueño lo aprendido en el día para al otro día iniciar rutina otra vez.

Una maravilla hecha alumno... pero la verdad es una sola: ese alumno promedio no existe en la realidad. Porque la realidad ofrece una gama de posibilidades a la hora de decidir en que usar el tiempoy, por ende, los jóvenes alumnos de la vida tienen un sin fin de opciones (eso, más las opciones que su imaginación agrega). Por lo tanto el régimen de estudio establecido por los ministerios, dificilmente se ajusta a la gran mayoria del alumnado. Además, los jóvenes de hoy en día han cambiado: tienen opinión, y conciencia de lo que es un derecho, por ejemplo, a expresarse (y hay que ver como lo hacen valer).

Para los alumnos, el profesor es un guía, no un hacedor de conocimientos que sólo por haber sido pronunciados por él, se transforman en importantes. Por eso día a día, términos como "deficit atencional" "desconcentración" "problemático" "creativo" "hiperquinético" parecieran haberse tomado el esenario educacional y haber distorcionado la idea del alumno promedio.

Si a mi me preguntan cual es la razón por la que existe "sacateun7", yo diría, a modo subjetivo, por la evidente extinción del alumno promedio.

Es claro que debe haber un sistema para todos, pero asimismo, también es claro que los colegios día a día dejan la tarea incompleta. Para eso estamos nosotros, que nos ajustamos al requerimiento de ese alumno en particular. Ese alumno que no fue capaz de seguir a sus 40 compañeritos en el aprendizaje de las tablas de multiplicar, pero que fue capaz de hablar como adulto y opinar sobre aquello que vio, y que no necesariamente se lo dijo el profesor. Ese alumno juguetón que no encontro el sistema atractivo y al no entender, prefirio jugar, pues no había nadie que le diera una atencion a su sed de aprender, pero a su forma.

No es un incentivo a la rebeldía, sino un reconocimiento a las mentes brillantes, llenas de potencial, y que a veces el sistema hecho para el alumno promedio, no logra satisfacer.